NUESTROS SERVICIOS › Sacro Craneal
Hacia principios del siglo XX, el osteópata W. Sutherland D.O. descubrió la movilidad entre los huesos del cráneo y comenzó a investigar sobre lo que llamó mecanismo sacro-craneal.
Posteriormente, investigaciones científicas llevadas a cabo por diversos osteópatas entre los que destacan J. Upledger, demostraron el funcionamiento del primer pulso que existe en el cuerpo humano y el último que se para al morir.
El sistema Sacro-Craneal es un sistema contenido dentro de una gruesa e impermeable membrana (la Duramadre) que envuelve al cerebro y al cordón espinal.
Está representado anatómicamente por:
- Los huesos del cráneo que se articulan entre sí
- El sacro y el coxis
- Las vértebras
- La duramadre, estructura del sistema conectivo que envuelve al sistema nervioso y se une a distintos huesos de este sistema, especialmente del cráneo, sacro y coxis
- El líquido cefaloraquídeo
- Las estructuras cerebrales que producen y reabsorben el L.C.R.
- Las fascias que trasmiten el movimiento de los fluidos por todo el cuerpo.
Una importante función de este sistema es la producción, circulación y reabsorción del fluido cerebroespinal. Este fluido se produce dentro del sistema Sacro-Craneal y mantiene el ambiente físico lógico en el que el cerebro y el sistema nervioso se desarrollan, viven y funcionan. Hay, por tanto, en la Duramadre una producción de un continuo subir y bajar de la presión del fluido dentro del sistema Sacro-Craneal. El pulso de este fluido es, al igual que el latido cardíaco o la respiración, trasmitido a todos los tejidos y estructuras del cuerpo como un movimiento involuntario y espontáneo con ritmo determinado que oscila entre los seis-doce ciclos por minuto.
Este pulso que se trasmite a todo el cuerpo a través de las fascias, que envuelven y conectan todas las estructuras, se pueden palpar en cualquier parte del cuerpo.
El objetivo del terapeuta sacro-craneal al evaluar y tratar este sistema es el de ser lo menos intrusivo posible, usando la menor fuerza posible en la palpación y tratamiento.
Cuando hallamos movimiento desequilibrado, especialmente si está relacionado con la cabeza y el sacro, sugiere al practicante que las funciones normales del cuerpo pueden estar en conflicto. Cuando las funciones corporales están perturbadas, se pueden desarrollar síntomas. El terapeuta sacro craneal ayuda normalmente al cuerpo a restablecer un movimiento equilibrado con técnicas suaves y sutiles.
Ayuda a mejorar la calidad de vida en casos de parálisis cerebral, epilepsia, hidrocefalia escoliosis y dislexia. Muchos de estos problemas surgen del trauma del nacimiento al producirse lesiones craneales al sacar la cabeza del bebé. Con unas cuantas sesiones a un recién nacido se recupera la flexibilidad de este sistema y se resuelven innumerables problemas. En el caso de nacimientos por cesárea también existen problemas, ya que no existe compresión y descompresión del bebé en el canal del parto, necesaria en el nacimiento para dar impulso a la respiración secundaria (pulmonar)
Tiene muy buenos resultados en jaquecas, migrañas, sinusitis, neuralgias, lumbago, ciática, dolores de espalda, depresiones, pitidos de oídos, tics nerviosos e insomnio, que pueden provenir tanto del trauma de nacimiento, de un accidente o un golpe en la cabeza o en el sacro.
Estos causan lesiones y arrugas en la fascia, como nudos en el tejido conjuntivo de todo el cuerpo, pero sobre todo en la duramadre que envuelve la médula, toda la bóveda craneal y forma la hoz y el tentorium (tejido conjuntivo cartilaginoso que separa los dos hemisferios cerebrales y el cerebelo)
También se pretende conseguir dar mayor movilidad y equilibrio al aleteo del hueso esfenoides, cuya forma es similar a la de una mariposa y se encuentra en el centro del cráneo, cobijado por los otros huesos. Mantiene una relación directa con todos los sentidos y es el único hueso completamente transversal del cuerpo.
Esta terapia también pretende equilibrar el movimiento de rodar y mecer de los huesos temporales y aliviar la presión que realiza el peso de la cabeza sobre las primeras cervicales, el atlas y el axis, ya que la cabeza pesa un tercio del resto del cuerpo, entre 15-30 kilos en un adulto, bloqueando los principales nervios craneales y el riego de los vasos sanguíneos que atraviesan la base del cráneo.
Necesitamos relajarnos y aliviar el estrés que la vida actual produce y que controlamos al presionar la mandíbula, la cual se encaja directamente en los huesos temporales, comprimiendo así el resto de los huesos craneales.
También ayuda a que otros tratamientos dirigidos a problemas específicamente orgánicos tengan un mayor resultado ya que se libera el sistema principal de armonía psico-física del ser.
La Terapia Sacrocraneal nos permite la escucha manual de las fascias, membranas y líquidos para recomponer su fisiología, liberar retracciones, inducir la circulación y drenaje de los líquidos y actuar sobre patrones traumáticos inscritos en la memoria de los tejidos.
Combinada con el tacto consciente, disfrutarás del tacto sin juicios ni expectativas, simplemente siendo en el momento presente, ayudando a contactar con tu médico interno.
El momento de nacer es decisivo para abrir las puertas a la vida. Pero posiblemente, si fuéramos capaces de rememorar el momento de nuestro propio parto comprenderíamos que, a pesar de todo, moverse por aquel estrecho túnel no fue nada fácil.
A diferencia del resto de mamíferos y en contra de lo que marca la naturaleza, la mujer pare tumbada y no a cuclillas, yendo así en contra de la gravedad. La razón es sencilla: los focos del quirófano alumbran mejor a la partera, lo que en principio ayuda a los trabajos de la matrona.
Y empieza el largo viaje hacia la luz. El niño se ve arrastrado hacia la columna de su madre. Salir no es tan fácil, llegar al primer diámetro de la pelvis y continuar tampoco. A veces, el cráneo del bebé es mayor que las medidas de la pelvis, el pequeño se asusta. Las contracciones del parto no cesan y lo empujan a llegar hasta el final pero a la vez, en ocasiones, le oprime la base del cráneo.
El bebé puede nacer con un parto más o menos difícil, pero inevitablemente siempre en posición horizontal. Si la gravedad nos ayudara, todo sería menos complicado. Pero al pequeño hay que ayudarle y en este caso, la matrona siempre lo hace tirando desde la cabeza, provocándole una hiperextensión a través de la rotación de su cráneo.
A veces el golpe es tan fuerte que provoca un largo tirón a todo el sistema cráneo-sacral, que es aquel que conecta el cráneo con el sacro y donde habita nuestro sistema nervioso. Estos movimientos al nacer pueden causar ciertas alteraciones en el nervio vago, que controla el sistema digestivo, respiratorio y excretor, el glosofaríngeo, que dirige los movimientos de la lengua, las amígdalas, la faringe y el oído medio y el espinal, que controla el trapecio y el esternón.
Aquel niño que llora por no poder comer tiene mal reflejo de succión porque su lengua no funciona y no puede mamar. Su nervio se alteró en el momento del parto. El niño no puede digerir bien y vomita, se le cambia la leche continuamente y se le extreman los cuidados a la hora de la comida. Pero aún así no puede defecar, tiene estreñimiento, problemas digestivos porque en el momento de nacer sufrió un largo tirón en su base craneal.
Las emociones como origen de las enfermedades.
Este episodio, a veces traumático, queda grabado como un cliché de fotografías en nuestros tejidos. A lo largo de la infancia y de la vida de adultos, son millones de células que están siendo bombardeadas constantemente por impulsos, emociones que pueden suponer un golpe y que en ocasiones se enquistan. Son como una pequeña piedrecita que se nos mete en el zapato y que somos incapaces de sacar porque no podemos dar con ella. Y estas emociones, que quedan en la memoria de nuestros tejidos como una cinta de cassette, pueden ser la causa de algunas de las alteraciones de nuestros hijos como hiperactividad, dolores de cabeza, falta de concentración o dislexia.
La terapia sacro-craneal puede ayudar a liberar esta tensión, esta pequeña piedrecita que se nos enquistó. Se puede realizar a los pocos días de haber nacido el niño pero también a lo largo de toda nuestra vida.
Esta terapia fue desarrollada por el doctor norteamericano John E. Upledger durante la década de los 70. Años atrás, William Garner Sutherland, alumno de Franklyn Still, padre de la osteopatía, descubrió la existencia de una pulsación rítmica sutil que fluye a través del sistema cráneo-sacral.
A través de este sistema, que conecta el cráneo con el sacro, fluyen nuestras tensiones. Mediante su estimulo, hemos podido tratar a niños con hiperactividad, tartamudez, problemas de aprendizaje, pero también a adultos con dolores de cabeza, de pecho, rodilla, ciática o depresión.
Son masajes muy suaves y sutiles. El terapeuta escucha sus manos, siente el ritmo del sistema sacro craneal y ayuda a que éste fluya, funcione de forma más acompasada y sin tensión. A través de su tacto, ayudamos a que el paciente conecte consigo mismo y sea capaz de reconocer que aquella tensión le viene de la niñez y emerger así una vivencia que parecía haber quedado soterrada.
Puede que reviva aquella vez que su padre le dijo algo delante de sus amigos que le hizo llorar y que provocó que se fuera avergonzado a su habitación. En aquel momento aquello le traumatizó porque fue incapaz de entender la actitud de su padre. Pero todo esto quedó almacenado como un cliché en sus tejidos. Probablemente esta sea la causa de la tartamudez o de sus tics que sufre de adulto. Porque algunas de nuestras alteraciones tienen una causa emocional.
A través de la terapia sacro-craneal, el terapeuta toma contacto con los tejidos mediante estos masajes tan suaves. Y es así como automáticamente, el paciente puede revivir aquella emoción como si fuera actual.
En este momento decimos que el paciente está en la lavadora porque todo se remueve en su interior y es capaz de sentir aquella rabia, ira, dolor, tristeza o enojo que le sobrecogieron en aquel momento de la niñez y que, entonces, fue incapaz de digerir, causándole hasta alguna alteración física años después.
Ahora, que puede volverla a sentir, seguramente podrá comprender aquel episodio que muchos años atrás le pareció traumático y por fin resolverlo y aprender a aceptarlo.
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